martes, diciembre 18, 2007
domingo, diciembre 09, 2007
¿Hay algo importante en la vida? ¿De verdad hay algo importante en la vida? No lo pregunto con un afán destructivo o nihilista (mucho menos con un afán nihilista). Lo pregunto sólo como sugerencia, casi como pidiendo permiso: ya que de haber algo REALMENTE importante, algo ante lo cual detenerse con cierta solemnidad, significa que cualquier análisis (cualquiera) sobre las cosas o la vida cuenta ya con al menos un obstáculo.
jueves, noviembre 15, 2007
metáfora
¿cuál es la diferencia entre:
la vara de medición
el ojo que entra
el ojo que sale?
¿hay, acaso, palabras para las cosas?
¿hasta qué punto el abismo?
¿acaso la soledad?
la vara de medición
el ojo que entra
el ojo que sale?
¿hay, acaso, palabras para las cosas?
¿hasta qué punto el abismo?
¿acaso la soledad?
martes, octubre 30, 2007
DIALOGO
Cuando se trata de una verdadera introspección todas las palabras hierven
y terminan por desaparecer
en algo mucho menos denso que el aire.
y terminan por desaparecer
en algo mucho menos denso que el aire.
jueves, septiembre 20, 2007
no hablo mucho
Es la negación de lo supuesto.
Tal vez, si todos flotaran suavemente, sin piedras en la nuca
sin piso firme
indiferentes a sí mismos.
¿Por qué cuesta tanto asumir el vacío?
Tal vez, si todos flotaran suavemente, sin piedras en la nuca
sin piso firme
indiferentes a sí mismos.
¿Por qué cuesta tanto asumir el vacío?
miércoles, agosto 15, 2007
De cerca y de lejos, preferencialmente. Salen volando las oraciones de mi cabeza, botando de sus alas la cicatriz nominal. No llevan banderas. No se estrechan la mano. Nunca han sentido lo mismo. Sólo buscan la infinitud, quieren alcanzar la distancia suficiente para que yo no las toque. La luz y el sonido nunca han necesitado llaves. Los camellos caminan de la mano, a plena luz del sol, las bestias y los androides se abrazan, se esclavizan y se liberan. Cualquier símbolo puede traer obstáculos.
jueves, julio 19, 2007
De dónde sale la palabra
Hay quienes pretenden estar quietos, tranquilos, solemnes mientras el todo acontece. Evito, sin embargo, las valoraciones, las superioridades. Herramientas antinaturales. El maldito lenguaje como conexión de los brazos, eso se puede decir con soberbia.
Me da pena escribir, y me cuesta decir el por qué. Si ese por qué existiese, sería algo así como una gigantesca botella, los cuerpos ciegos, todo pitagóricamente calculado. Eso es lo que se evita cuando se reciben en la cabeza los insultos, desde el subterráneo. No querer caer en ningún tipo de paréntesis. Cuesta, y lo suficiente.
La intemporalidad, qué complicado. Motivo de golpes cuando quieres que todo se caiga. Cuando efectivamente toda hora señalada se desvanece. Yo no sé a quién se busca cuando te acusan de renegado. Y no es de mala onda. Pero qué lástima cuando los vectores no se ven, y entonces los choques son maravillosos. La vida sería, en ese caso, dudosamente más simple.
Me da pena escribir, y me cuesta decir el por qué. Si ese por qué existiese, sería algo así como una gigantesca botella, los cuerpos ciegos, todo pitagóricamente calculado. Eso es lo que se evita cuando se reciben en la cabeza los insultos, desde el subterráneo. No querer caer en ningún tipo de paréntesis. Cuesta, y lo suficiente.
La intemporalidad, qué complicado. Motivo de golpes cuando quieres que todo se caiga. Cuando efectivamente toda hora señalada se desvanece. Yo no sé a quién se busca cuando te acusan de renegado. Y no es de mala onda. Pero qué lástima cuando los vectores no se ven, y entonces los choques son maravillosos. La vida sería, en ese caso, dudosamente más simple.
sábado, julio 07, 2007
La Rabia
Justo ahora que salgo sin ases
sin guerras civiles,
con mi nombre, así de simple y la mirada,
como fija en un absoluto, sin tropiezos.
Así compiten los vientos de marzo,
a sangre fría, sin honores,
ahora justamente sin mayúsculas
sin despedirse
de su humanidad tácita
y su ropa negra de verano.
No faltan, sin embargo, los espasmos y los calambres,
el miedo ceremonioso
los corceles oscuros
la angustia, bella dama y su espejo:
un acto doméstico de rabia,
una mancha de tinta,
un subtítulo que repita sin pudores
el por qué de mi fobia a la calma.
sin guerras civiles,
con mi nombre, así de simple y la mirada,
como fija en un absoluto, sin tropiezos.
Así compiten los vientos de marzo,
a sangre fría, sin honores,
ahora justamente sin mayúsculas
sin despedirse
de su humanidad tácita
y su ropa negra de verano.
No faltan, sin embargo, los espasmos y los calambres,
el miedo ceremonioso
los corceles oscuros
la angustia, bella dama y su espejo:
un acto doméstico de rabia,
una mancha de tinta,
un subtítulo que repita sin pudores
el por qué de mi fobia a la calma.
domingo, mayo 13, 2007
sábado, abril 28, 2007
El Desprecio
Dicen que el hombre vive de recuerdos. No me acuerdo quién lo dijo, o por qué, ni
siquiera sé si lo dijo algun presonaje de renombre. Lo cierto es que parece ser casi verdad. El cuerpo humano necesita, sin duda, de materialidades como el aire, el alimento, el abrigo,
y algunos dicen que hasta el sexo, para mantener el correcto funcionamiento. Pero el
interior de cada uno (sin hablar de esencia o existencia), me refiero quizás a lo
propio-característico, a ese algo parecido a la estabilidad consciente, o lo que sea que se
mueva dentro de la cabeza: eso a lo que me refiero necesita sin duda de sus momentos, sus
memorias propias. Porque ni siquiera los sueños o las promesas te mantienen despierto. Uno
sólo puede decir que "tuvo", alguna vez todos "tuvimos". La vida, a eso mimso voy, se
convierte en mera probabilidad frente al futuro. Ni siquiera nuestro cuerpo es certeza. "Nada existe", como diría un pesimista, y sólo nos queda el lenguaje para hablar de lo que
fue.
Pareciera ser que, dentro de este marco de probabilidades y alternativas, la gente
comienza a cambiar. Para bien o para mal, hacia arriba o hacia abajo, siempre estamos en
movimiento. Y sería ideal pensar que el individuo tiende a la mejora, a la creciente
madurez; si nos ponemos religiosos podemos hasta decir que el hombre va irremediablemente
hacia la divinidad. Pero siempre se mantiene atado a nosotros eso llamado "carácter": la
piedra angular, el ancho de los lentes con los cuales miramos el mundo. Un árbol puede
crecer muchos metros, puede ser podado, puede hasta secarse, pero siempre tendrá las raíces
en el mismo exacto lugar. Pues necesitamos obviamente un piso sobre el cuál comenzar a
crecer. Esto es irreprochable, casi un axioma. Y la memoria sirve justamente para eso, si es
que pensamos pragmáticamente. Al mirar atrás podemos pasar por todos los cambios de atuendo, hemos probado con miles de peinados, hemos conocido y olvidado un montón de nombres, direcciones, y ya sea que seamos niños o adultos, violentos o moderados, uniformados o librepensantes, ya sea que bebamos vino o fumemos pastabase, nuestras credenciales mantienen el mismo nombre impreso.
Yo conservo muy buenos recuerdos. He tenido muchos amigos, he mantenido contactos, he
formado otros nuevos. Pero me es dificilísimo olvidar risas. Siento que los recuerdos, más
que los sueños, más que la nula esperanza, y tal vez por un esfuerzo consciente, han regido
mi vida. Y puedo decir (descuidando del orgullo) que he estado en muchos lugares: he estado
lejos y cerca, solo o muy solo, en lo básico, en lo medio o en lo otro. Pero los recuerdos y
el carácter me siguen a todas partes. Puedo decir casi con soberbia que sigo siendo el
mismo, aunque me haya crecido barba y aunque mi ideología siga en proyecto. Y muchas veces,
casi todos los días, me levanto de la cama echando de menos.
Todos somos erróneos. Todos somos probables. Todos somos carencia. Todos aprendemos
tarde o temprano lo siguiente: que la vida no es ni debe ser fácil, y que sólo por el hecho
de ser, fundada muy a nuestro pesar en la incertidumbre, lo cierto es que sigue siendo,
siempre. Y es en esa realidad en la que seguimos estando siempre juntos.
siquiera sé si lo dijo algun presonaje de renombre. Lo cierto es que parece ser casi verdad. El cuerpo humano necesita, sin duda, de materialidades como el aire, el alimento, el abrigo,
y algunos dicen que hasta el sexo, para mantener el correcto funcionamiento. Pero el
interior de cada uno (sin hablar de esencia o existencia), me refiero quizás a lo
propio-característico, a ese algo parecido a la estabilidad consciente, o lo que sea que se
mueva dentro de la cabeza: eso a lo que me refiero necesita sin duda de sus momentos, sus
memorias propias. Porque ni siquiera los sueños o las promesas te mantienen despierto. Uno
sólo puede decir que "tuvo", alguna vez todos "tuvimos". La vida, a eso mimso voy, se
convierte en mera probabilidad frente al futuro. Ni siquiera nuestro cuerpo es certeza. "Nada existe", como diría un pesimista, y sólo nos queda el lenguaje para hablar de lo que
fue.
Pareciera ser que, dentro de este marco de probabilidades y alternativas, la gente
comienza a cambiar. Para bien o para mal, hacia arriba o hacia abajo, siempre estamos en
movimiento. Y sería ideal pensar que el individuo tiende a la mejora, a la creciente
madurez; si nos ponemos religiosos podemos hasta decir que el hombre va irremediablemente
hacia la divinidad. Pero siempre se mantiene atado a nosotros eso llamado "carácter": la
piedra angular, el ancho de los lentes con los cuales miramos el mundo. Un árbol puede
crecer muchos metros, puede ser podado, puede hasta secarse, pero siempre tendrá las raíces
en el mismo exacto lugar. Pues necesitamos obviamente un piso sobre el cuál comenzar a
crecer. Esto es irreprochable, casi un axioma. Y la memoria sirve justamente para eso, si es
que pensamos pragmáticamente. Al mirar atrás podemos pasar por todos los cambios de atuendo, hemos probado con miles de peinados, hemos conocido y olvidado un montón de nombres, direcciones, y ya sea que seamos niños o adultos, violentos o moderados, uniformados o librepensantes, ya sea que bebamos vino o fumemos pastabase, nuestras credenciales mantienen el mismo nombre impreso.
Yo conservo muy buenos recuerdos. He tenido muchos amigos, he mantenido contactos, he
formado otros nuevos. Pero me es dificilísimo olvidar risas. Siento que los recuerdos, más
que los sueños, más que la nula esperanza, y tal vez por un esfuerzo consciente, han regido
mi vida. Y puedo decir (descuidando del orgullo) que he estado en muchos lugares: he estado
lejos y cerca, solo o muy solo, en lo básico, en lo medio o en lo otro. Pero los recuerdos y
el carácter me siguen a todas partes. Puedo decir casi con soberbia que sigo siendo el
mismo, aunque me haya crecido barba y aunque mi ideología siga en proyecto. Y muchas veces,
casi todos los días, me levanto de la cama echando de menos.
Todos somos erróneos. Todos somos probables. Todos somos carencia. Todos aprendemos
tarde o temprano lo siguiente: que la vida no es ni debe ser fácil, y que sólo por el hecho
de ser, fundada muy a nuestro pesar en la incertidumbre, lo cierto es que sigue siendo,
siempre. Y es en esa realidad en la que seguimos estando siempre juntos.
viernes, marzo 30, 2007
Hic et Iam
Suelen caerme bien quienes sentencian con seguridad y firmeza un punto de vista. Aunque todos sepamos que es mentira, o mejor dicho, y para no caer en "rotundaciones", que toda subjetivización de algún aspecto de la realidad es simplemente eso, una subjetivización, una opinión que se puede proferir respecto a tal o cuál rasgo de un mundo derrotado por la teoría de la relatividad. Y aunque es mucho más fácil refugiarse en la no-existencia de los valores, en la creencia de que Bien y Mal existen en cada uno (bew) y en el principio "socialmente irrefutable" del respeto a las opiniónes ajenas, a pesar de todo eso sigo prefiriendo a aquellos que se definen férreamente bajo una hipótesis (personal, las colectivizaciones de las ideas me son nefastas) y que, como condición básica, sepan argumentarla coherentemente, para así poder entrar en discusión (acción humana que debiera ser considerada deporte olímpico).
Los que me conocen saben que estoy hablando tonteras, porque si me conocieran bien, sabrían que suelo no hablar mucho, menos aún discutir, tengo ideas y opiniones inusuales y contradictorias, que no creo en casi nada, menos aún en la consecuencia entre discurso y acción, que no me tomo casi nada en serio y que soy lo más absurdo y relativo que existe. Sin embargo, si han llegado hasta acá es porque intuyen que algo más hay en el texto, aunque sea mentira, pero quieren saber como va a terminar. Hace harto tiempo que queria escribir algo digno de ser subido al blog, algo digno de ser leído por la poca y nula gente que sabe leer. No lo conseguí. El culpable puede ser cualquiera, la falta de inspiración, la incapacidad de ordenar lo que quería decir, o la falta de una emoción fuerte, entre otras.
Aún así había algo que quería decir, no sé muy bien qué o a quién, y menos aún por qué. De pronto el lenguaje y sus abstracciones artísticas se me hicieron insuficientes, al menos no sin caer en los típicos lugares comunes y los recursos ya usados. Y lo que pasa es lo siguiente, sin filtros ni alegorías: que todo me es insuficiente, que la vida es ridícula, que no sé qué hacer para "hacer algo", que me asumo minoría y que no me basta la comodidad, ajena o propia. Me aburro, a pesar de estar convencido de que la situación, ajena o propia, presente o futura, no debiera ser para nada inactiva o libre de confrontaciones. y he ahí el factor agravante: el futuro... qué hacer para, por y con él.
Quizás este tipo de sentimientos o este tipo de disposiciones le sirvan de algo a los que discuten, a los que nombré más arriba. Los nombré porque me caen bien, porque no están felices, porque son violentos y se toman la vida en serio, quizás demasiado para mi gusto.
Los que me conocen saben que estoy hablando tonteras, porque si me conocieran bien, sabrían que suelo no hablar mucho, menos aún discutir, tengo ideas y opiniones inusuales y contradictorias, que no creo en casi nada, menos aún en la consecuencia entre discurso y acción, que no me tomo casi nada en serio y que soy lo más absurdo y relativo que existe. Sin embargo, si han llegado hasta acá es porque intuyen que algo más hay en el texto, aunque sea mentira, pero quieren saber como va a terminar. Hace harto tiempo que queria escribir algo digno de ser subido al blog, algo digno de ser leído por la poca y nula gente que sabe leer. No lo conseguí. El culpable puede ser cualquiera, la falta de inspiración, la incapacidad de ordenar lo que quería decir, o la falta de una emoción fuerte, entre otras.
Aún así había algo que quería decir, no sé muy bien qué o a quién, y menos aún por qué. De pronto el lenguaje y sus abstracciones artísticas se me hicieron insuficientes, al menos no sin caer en los típicos lugares comunes y los recursos ya usados. Y lo que pasa es lo siguiente, sin filtros ni alegorías: que todo me es insuficiente, que la vida es ridícula, que no sé qué hacer para "hacer algo", que me asumo minoría y que no me basta la comodidad, ajena o propia. Me aburro, a pesar de estar convencido de que la situación, ajena o propia, presente o futura, no debiera ser para nada inactiva o libre de confrontaciones. y he ahí el factor agravante: el futuro... qué hacer para, por y con él.
Quizás este tipo de sentimientos o este tipo de disposiciones le sirvan de algo a los que discuten, a los que nombré más arriba. Los nombré porque me caen bien, porque no están felices, porque son violentos y se toman la vida en serio, quizás demasiado para mi gusto.
miércoles, febrero 07, 2007
Obituario
Acabo de romperme el cuello con mi mano de 3 otoños menos, cuando mi cara llovía sin respuestas. Aprovecho entonces de escuchar las mismas tardes de allá, los rostros sin barbas que hoy me tienen enmarcado en lo que acaba de pasar, quizás con tiempo de sobra entre norte y sur. Hoy mis dedos son mas largos y mi condición se hace propensa a cortar raíces, a rebelarme de mi color primario para ir adaptando pinceles nuevos a la colección de porvenires, automedicado con la insatisfacción de siempre. En realidad, creo estar más viejo pero no más sabio; mis ojos se limitan a reflejar la determinación a trazar mi camino con tiza negra sobre un suelo pálido. Me caí sobre mí mismo y torcí mi cuello, mi sonrisa se dibujó con pena. Pena por haber sido, pena por la ingenuidad que tuve, pena por la inocencia de algunos otros. Aproveché de arder en llamas por la terquedad de los estandartes, por los decibeles requeridos para, por el precio de no arrodillarse. Y solté una lágrima. Por la muerte ajena quizás, por mi nombre mayusculizado al salir a flote, por la tumba que empiezo a cavar mañana a primera hora, y presiento una ternura digna de relojes desconocidos, como los que alguna vez tuve que deducir en los labios tuyos, sólo que ahora la entrada de los cines no será gratis.
sábado, diciembre 09, 2006
Cuando estoy solo, sobre todo cuando no hay nadie cerca, llega una araña que entra por mi boca. Una araña grande, oscura, con muchas patas y muchos ojos, con los que husmea en todos los rincones de mi ser. También tiene muchas bocas, con las que dice de todo. Cada boca habla a su tiempo, dice verdades, esas que duelen a veces, o que al escucharlas uno se pone nervioso y se acomoda en su silla, o se rasca la cabeza o tose, mirando a otro lado. Dice cosas feas pero que a mí me gustan, no porque yo sea un sádico o un sicótico, sino porque esas cosas son feas ya que nadie se da el trabajo de escucharlas bien y aprenderlas. Como esos tragos amargos o muy fuertes, pero que igual tienen su sabor. Yo las escucho, y aprendo de ellas. O también trato de rebatirlas, de convertirlas en mentiras, de hacerlas caer y pisarlas, pero siempre fallo, ya que son demasiado abrumantes y trágicamente reales como para endulzarlas o hacerlas calzar dentro de la opinión general. He aprendido a vivir con estas verdades, y a veces a reírme de su tenebrosidad... esas verdades ya son mías. Quizás después de todo sí soy un sádico.
La araña entra por mi boca y se instala en mi cabeza. Así yo veo con sus miles de ojos. Veo a la gente, todos los tipos de gente, y al mismo tiempo voy escuchando lo que alguna de las tantas bocas de mi huésped tiene que decir respecto a ellos. Me veo al espejo desde distintos ángulos, me analizo con muchos ojos y muchas opiniones sobre mí. Me vuelvo loco, pero la araña sabe guiarme a través de estos análisis caóticos. Me hace ver atrocidades con una serenidad y empatía impresionantes. Ella sí me cuida, no puedo evitar tenerle cariño.
Sin embargo no se mete con mis pensamientos, mucho menos con mis emociones. Muchas veces he perdido el control y he desatado todas estas amarguras en arranques o actitudes algo irracionales, pero ella no interviene. Sabe que no me hace daño, que hasta cierto punto me libera y me llega a tranquilizar. Ella sólo se limita a mostrarme, a abrir mis ojos y a decirme cosas, a hablarme sobre la vida y mi existencia y mi soledad que la obliga a venir y entrar por mi boca.
La araña entra por mi boca y se instala en mi cabeza. Así yo veo con sus miles de ojos. Veo a la gente, todos los tipos de gente, y al mismo tiempo voy escuchando lo que alguna de las tantas bocas de mi huésped tiene que decir respecto a ellos. Me veo al espejo desde distintos ángulos, me analizo con muchos ojos y muchas opiniones sobre mí. Me vuelvo loco, pero la araña sabe guiarme a través de estos análisis caóticos. Me hace ver atrocidades con una serenidad y empatía impresionantes. Ella sí me cuida, no puedo evitar tenerle cariño.
Sin embargo no se mete con mis pensamientos, mucho menos con mis emociones. Muchas veces he perdido el control y he desatado todas estas amarguras en arranques o actitudes algo irracionales, pero ella no interviene. Sabe que no me hace daño, que hasta cierto punto me libera y me llega a tranquilizar. Ella sólo se limita a mostrarme, a abrir mis ojos y a decirme cosas, a hablarme sobre la vida y mi existencia y mi soledad que la obliga a venir y entrar por mi boca.
martes, diciembre 05, 2006
miércoles, noviembre 22, 2006
La Nada
Abogacía del ocio comprimido
hoy el hoy se nos va en bronquios negros.
Zeus pierde su norte y los lujos
compran relámpagos,
y la vida
nos sonríe
después de la falda rota y la piel sudada,
después de habernos llorado
el evangelio entero y sus penas aflictivas.
hoy el hoy se nos va en bronquios negros.
Zeus pierde su norte y los lujos
compran relámpagos,
y la vida
nos sonríe
después de la falda rota y la piel sudada,
después de habernos llorado
el evangelio entero y sus penas aflictivas.
miércoles, noviembre 08, 2006
Ausencias
Tal vez el vuelo sin ave me quita el sueño ,
o el verso sin lápiz, así quebré una hoja en llantos
y un mar en ciegos.
Ver un tronco sin árbol me pone en brasas
y afila mis hambres que cortan un alma.
o el verso sin lápiz, así quebré una hoja en llantos
y un mar en ciegos.
Ver un tronco sin árbol me pone en brasas
y afila mis hambres que cortan un alma.
sábado, octubre 28, 2006
En algún lugar aún mantengo los ojos muy juntos, respirando los anhelos y postergando cualquier indicio de malestar. Por ahora sólo siento la velocidad rasgando con prisa los oídos. No sé de quién ni porqué escapamos, pero sé que lo hacemos juntos. El camino es difícil, burlesco, y el sol de la vieja tarde no se preocupa mucho en hacerse notar. Hace no mucho dejamos atrás algo parecido al hoy de hoy: mucha calle, algo de gente sin ojos ni narices, paredes y más paredes. El camino se ha prolongado inexplicablemente sobre el mar, sí, un mar sonriente y fresco, dulce, esos de los que uno mira y, en el fondo, más hondo, se olvida de ser como siempre ha sido. El camino, bien decía, continuaba y quebraba su perfección en una peligrosa curva, justo en medio de un ojo inmenso de mar.
El otro día, recuerdo estar frente al espejo, lo que no es novedad, ya que acostumbro a pasar una buena fracción del gran tiempo limando asperezas entre yo y yo, como dos grandes piedras colgando de mi garganta, u oprimiendo el cráneo desde adentro. Pero un día, estando parado frente al espejo, desnudo, confundido, quizás a causa del sueño o de la monotonía o hasta de la misma irrealidad que me invadía (y me invade en momentos como este), comencé a sentir mi reflejo liberándose de lo mío, para así volcarse a lo suyo propio. El espejo me mostraba otras cosas, yo muy quieto y mi doble muy cambiante, derritiendo la única superficie que nos separaba de la unión, la perfección. Hundía sus ojos que me invitaban, muy femeninos, y yo hundía mi mano para pasar. Por un segundo me sentí real, más allá, me sentí enteramente yo.
La ciudad nos despedía, a tí y a mí por igual, y veía el sol temblar sobre el agua, así como te veía temblar al lado mío, así como yo mismo temblaba, así como el suelo quedaba atrás a velocidades desesperantes. El camino posó su codo en un bloque de agua fría, y sin darme cuenta caíamos ridículamente, lentos pero tranquilos. Caía, yo caía, y tú conmigo, lo que me duele tanto más. Una vez en el fondo sentí tu mano que me calmaba. La falta de oxígeno era lo de menos, en aquel momento me importó únicamente salir a flote, y que me vieras reír, refrescado.
Como si la prisa de pronto se perdiera, en un reflejo de sol, como si la intemporalidad cesara, olvidé por qué huíamos, de quién. Al despertar, uno piensa en lo de siempre.
El otro día, recuerdo estar frente al espejo, lo que no es novedad, ya que acostumbro a pasar una buena fracción del gran tiempo limando asperezas entre yo y yo, como dos grandes piedras colgando de mi garganta, u oprimiendo el cráneo desde adentro. Pero un día, estando parado frente al espejo, desnudo, confundido, quizás a causa del sueño o de la monotonía o hasta de la misma irrealidad que me invadía (y me invade en momentos como este), comencé a sentir mi reflejo liberándose de lo mío, para así volcarse a lo suyo propio. El espejo me mostraba otras cosas, yo muy quieto y mi doble muy cambiante, derritiendo la única superficie que nos separaba de la unión, la perfección. Hundía sus ojos que me invitaban, muy femeninos, y yo hundía mi mano para pasar. Por un segundo me sentí real, más allá, me sentí enteramente yo.
La ciudad nos despedía, a tí y a mí por igual, y veía el sol temblar sobre el agua, así como te veía temblar al lado mío, así como yo mismo temblaba, así como el suelo quedaba atrás a velocidades desesperantes. El camino posó su codo en un bloque de agua fría, y sin darme cuenta caíamos ridículamente, lentos pero tranquilos. Caía, yo caía, y tú conmigo, lo que me duele tanto más. Una vez en el fondo sentí tu mano que me calmaba. La falta de oxígeno era lo de menos, en aquel momento me importó únicamente salir a flote, y que me vieras reír, refrescado.
Como si la prisa de pronto se perdiera, en un reflejo de sol, como si la intemporalidad cesara, olvidé por qué huíamos, de quién. Al despertar, uno piensa en lo de siempre.
viernes, octubre 20, 2006
Status
Igual que gráficos en clímax al cuadrado, la curva enérgica
envejece y cómo disfrutamos,
ilusos que prefieren flotar en aires de Virgo,
mirar el horizonte con la mente almidonada,
mientras son otros los que besan brasas
o caminan por sobre la línea de fuego
con el tiempo maduro goteando de a poco
su vil existencia
por las narices.
envejece y cómo disfrutamos,
ilusos que prefieren flotar en aires de Virgo,
mirar el horizonte con la mente almidonada,
mientras son otros los que besan brasas
o caminan por sobre la línea de fuego
con el tiempo maduro goteando de a poco
su vil existencia
por las narices.
miércoles, octubre 11, 2006
1:47
Podrías llenar de auriculares tu casa
Esperando, quién sabe, un hola
Un quizás
Un de pronto
Un mañana
O un adiós, de la mano del velorio más honesto.
Colgando de mi techo está la semana,
Con la soga al cuello, quitándole sueños a goterones
Y fundiéndolos en el charco de sangre
Donde mis pies descansan satisfechos.
Seis pies bajo tierra estoy yo de nuevo,
En el patio, comiendo raíces o discutiéndole
A una piedra sabia.
Ahí doy a parar luego, siempre,
No sin antes redactar el día
Nuevamente,
El de después, y los que siguen,
Con palabras tan ambidiestras como torpes.
En el baño, muertas las horas,
Tus horas,
Las horas mías, con las venas sueltas sobre el piso limpio
Bien peinadas, haciendo maletas y despidiendo con labios púrpura
A sus horas queridas.
Yo me sacudo la tierra de los hombros,
Me limpio la lengua a cuchillazos
Para abrir mi ventana sin mayor timidez,
Para abrir mis ojos de a uno, solemnes,
Con la promesa de volver hirviendo en la cocina,
En la olla más triste que pude encontrar.
Esperando, quién sabe, un hola
Un quizás
Un de pronto
Un mañana
O un adiós, de la mano del velorio más honesto.
Colgando de mi techo está la semana,
Con la soga al cuello, quitándole sueños a goterones
Y fundiéndolos en el charco de sangre
Donde mis pies descansan satisfechos.
Seis pies bajo tierra estoy yo de nuevo,
En el patio, comiendo raíces o discutiéndole
A una piedra sabia.
Ahí doy a parar luego, siempre,
No sin antes redactar el día
Nuevamente,
El de después, y los que siguen,
Con palabras tan ambidiestras como torpes.
En el baño, muertas las horas,
Tus horas,
Las horas mías, con las venas sueltas sobre el piso limpio
Bien peinadas, haciendo maletas y despidiendo con labios púrpura
A sus horas queridas.
Yo me sacudo la tierra de los hombros,
Me limpio la lengua a cuchillazos
Para abrir mi ventana sin mayor timidez,
Para abrir mis ojos de a uno, solemnes,
Con la promesa de volver hirviendo en la cocina,
En la olla más triste que pude encontrar.
jueves, octubre 05, 2006
el Fin del mundo
Cae la piedra y la recibo en vidrio torcido
De frente sobre mi dedo
De izquierda a derecha
Al tiempo que siento las páginas llorar en vano,
Darse vueltas buscando porvenires,
O lamiendo el fierro del pasamanos,
Comprando el perdón en tiendas fronterizas.
Caen de a uno los vidrios primogénitos
Como gotas de quien llueve
Sobre su sangre de leche derramada.
Vuelvo la espalda a los cuadros modernistas,
Tocando con mi dedo la nariz del posmoderno,
Ante la certeza de saberme
Todavía,
Y a pasos del nunca jamás.
Con espejos rotos sobre el hombro
Con el filo sobre las sienes
Y los lejos esperando inciertos,
Doy media vuelta, maldito aún,
Consciente del escape
Y del suicidio en masa de los relojes desesperanzados.
De frente sobre mi dedo
De izquierda a derecha
Al tiempo que siento las páginas llorar en vano,
Darse vueltas buscando porvenires,
O lamiendo el fierro del pasamanos,
Comprando el perdón en tiendas fronterizas.
Caen de a uno los vidrios primogénitos
Como gotas de quien llueve
Sobre su sangre de leche derramada.
Vuelvo la espalda a los cuadros modernistas,
Tocando con mi dedo la nariz del posmoderno,
Ante la certeza de saberme
Todavía,
Y a pasos del nunca jamás.
Con espejos rotos sobre el hombro
Con el filo sobre las sienes
Y los lejos esperando inciertos,
Doy media vuelta, maldito aún,
Consciente del escape
Y del suicidio en masa de los relojes desesperanzados.
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